Col. Gabriel René Moreno II

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lunes, 14 de noviembre de 2011

LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN

LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN

APRENDER A CONOCER

Es aprender a aprender; apropiarse de las ideas.

Comprender a nuestra sociedad para transformarla

Actitud no receptiva, sino activa

Cultura general, no sólo especializada.

Actitud discente y formación permanente.

Estímulo del pensamiento crítico.

Saber Conceptual

APRENDER A HACER

Poner en práctica las ideas y los conocimientos

Una educación para transformar la persona y la sociedad

Aptitud para trabajar con los demás.

Capacidad de iniciativa, de servicio….

Saber procedimental

APRENDER A SER

Educación integral, aprender a ser persona.

Desarrollo de todas las potencialidades.

Formación en los valores: solidaridad, justicia….

Educación humanizadora

Saber actitudinal

APRENDER A CONVIVIR

Educar en la “no violencia”. No formar para la competencia y el triunfo personal sino en la solidaridad y en la aceptación y en la aceptación de las diferencias.

Saber relacional

Educación SI, Educación NO

  • No educas cuando impones tus convicciones, sino cuando suscitas convicciones personales.
  • No educas cuando impones conductas, sino cuando propones valores que motivan.
  • No educas cuando impones caminos, sino cuando enseñas a caminar.
  • No educas cuando impones el sometimiento, sino cuando despiertas el coraje de ser libres.
  • No educas cuando impones tus ideas, sino cuando fomentas la capacidad de pensar por cuenta propia.
  • No educas cuando impones tu autoridad, sino cuando inculcas la autonomía del otro.
  • No educas cuando impones la uniformidad que adocena, sino cuando respetas la originalidad que diferencia.
  • No educas cuando impones la verdad, sino cuando enseñas a buscarla honestamente.
  • No educas cuando impones disciplina, sino cuando formas personas responsables.
  • No educas cuando impones autoritariamente el respeto, sino cuando lo ganas con tu autoridad de persona respetable.
  • No educas cuando impones el miedo que paraliza, sino cuando logras la admiración que estimula.
  • No educas cuando impones información a la memoria, sino cuando muestras el sentido de la vida.
  • No educas cuando impones cuando impones a Dios, sino cuando lo haces presente con tu vida.

EDUCAR PARA TRANSFORMAR


La verdadera educación nunca es, ni puede ser, neutra. O bien se constituye en un instrumento liberador, que nos lleva hacia la integración y la transformación personal y social o, por el contrario, desarrolla actitudes tendientes al conformismo y hacia la adaptación, respondiendo, básicamente, a las exigencias del modelo de sociedad consumista que nos toca vivir.

La educación, o modela consumidores que se adapten al sistema, o forma personas con las luces y fuerzas necesarias para iniciar un proceso de auténtica autorrealización.

El modelo económico-social vigente y el funcionalismo en boga, buscan, ante todo, la eficacia, la productividad, la competitividad…., tanto en el campo profesional, como en el área de producción.

Son muchos, lamentablemente los que piensan que todo el sistema educativo, tanto escolar como universitario, debe funcionar preparando al estudiantado para que encaje, lo mejor posible, en se gran mecanismo que es la sociedad moderna, de tal modo que respondan, como piezas bien adaptadas, al perfecto desarrollo del sistema. La educación, según esta mentalidad funcionalista, debe preparar a los futuros técnicos y profesionales para que responda, eficientemente, a las necesidades de la sociedad moderna. Según esa concepción, el sistema educativo debe limitarse a ser transmisor de múltiples conocimientos, competencias, destrezas y habilidades, necesarias para que las personas desempeñen eficientemente su trabajo. La educación debe garantizar para el estudiantado los futuros empleos altamente rentables. Los alumnos, tanto de colegios, como de universidades e institutos, deben adaptarse y prepararse para responder a todas esas necesidades y exigencias del modelo neo-liberal.

Pensamos que este es uno de los mayores errores del cual es víctima, en gran parte, todo nuestro sistema educativo, tanto fiscal como particular.

La educación tiene que hundir sus raíces en el pasado, analizar el presente y proyectar hacia el futuro, siempre desde y una perspectiva de cambio. La educación no tiene como finalidad principal o exclusiva la de formar mano de obra, ni profesionales o técnicos competentes, sino la de lograr la plena realización personal de todo formando. Todo el sistema educativo debe estar orientado hacia el desarrollo integral de la persona como sujeto individual y social, protagonista de su propia formación, tanto lo profesional, como en lo religiosos, lo moral, lo cultural, lo político, social, lo ambiental… y se expresa en las múltiples dimensiones de la persona: conocimientos, habilidades, afectividad, espiritualidad, autoestima, la sensibilidad social, el sentido de justicia, etc.

Las prácticas educativas deben desarrollar el pensamiento crítico, la formación personal para la responsabilidad social. No es cuestión de adaptar la educación al sistema. Al revés: es el sistema que debería adecuarse a los profundos valores que deben caracterizar a toda auténtica educación.

Es necesario construir una educación como factor estratégico de desarrollo humano, integral y sostenible con ejercicio pleno de los derechos humanos y de los valores de la democracia participativa en el marco de la ética.

(tomado de “Formación en los Valores” de P. Gregorio Iriarte, OMI)

UNA MIRADA CRÍTICA HACIA NUESTRO SISTEMA EDUCATIVO

El sistema educativo se está orientando, más y más, hacia el desarrollo del área cognoscitiva, relegando o desconociendo, totalmente, el área de lo emocional, de la afectividad, de los sentimientos, de la autoestima, de los comportamientos…. es decir, el área de los valores.

El tipo de enseñanza que predomina, privilegia una educación instrumental y funcionalista, orientada esencialmente hacia el vencimiento de los exámenes, la obtención del título, y el ejercicio de una profesión.

“Estamos aquí para aprender”, me decía un alumno, hijo esclarecido del sistema. “Nuestro objetivo es el conocimiento, la ciencia, es el saber…..” Se excluye la racionalidad ética. No debemos extrañarnos que de la matriz de este sistema, nazca “el individuo privatizado”, encerrado en su pequeño mundo de inmensas ambiciones materiales y de profundos vacíos existenciales. Ha muerto la racionalidad ética.

Es una concepción parcial y reductiva de todo el proceso educativo, tan rico y tan complejo. Una formación orientada, obsesivamente, hacia el desarrollo del área cognoscitiva, marginando totalmente el área de los valores que constituye el corazón mismo de todo proceso educativo. Una educación queda atrapada en el área exclusiva de los saberes, no es educación, a lo sumo será “instrucción”.

Según el sistema, para ser “abanderado” de un colegio o para obtener honoríficos laureles en la universidad, n o es necesario ser mínimamente creativo, ni solidario, ni honesto, ni buen compañero; tampoco es exigencia del sistema el poseer capacidad de síntesis, espíritu crítico, iniciativa, personalidad autónoma asentada sobre profundo valores éticos y evangélicos.

Pueden finalizar con excelentes calificaciones alumnos/as egocéntricos, envidiosos, egoístas, sin personalidad, sin creatividad, sin capacidad de relación sin criterios propios. El sistema, ni forma en valores, ni los jerarquiza, ni los evalúa, ni los premia. Los ignora.

Los griegos, a la verdadera educación la llamaban “paideia” y la concebían como una formación para la autonomía personal, para la auto-estima, para el diálogo, para la creatividad, para la criticidad, para la identidad personal y social.

(tomado de “Formación en los Valores” de P. Gregorio Iriarte, OMI)